Melina Maira Soraire
Melina Maira Soraire

Desde bebé mi papá solía llevarme al río o a la pileta del club, alberca para México y yo feliz de sumir mi cabeza bajo el agua… No recuerdo exactamente todo lo que pasaba, solo recuerdo El Silencio Majestuoso de esa Profundidad donde me encontraba.

Desde bebé mi papá solía llevarme al río o a la pileta del club, alberca para México y yo feliz de sumir mi cabeza bajo el agua… No recuerdo exactamente todo lo que pasaba, solo recuerdo El Silencio Majestuoso de esa Profundidad donde me encontraba.

A los cuatro años de edad sumergirme en mi mundo interior, en ese silencio comenzó a darme miedo. Mi papá, sabio él, dijo “De ninguna manera si tienes miedo, ve, aprende y practica porque al agua te vas a meter”, entonces inicié mis clases de natación con mis profesores Valeria y Gustavo. Divinos ellos.

Natación fue un deporte que me formó como persona, me ayudó a forjar mis valores, a superar mis miedos, a encontrarme conmigo misma, a conocer mis fortalezas y debilidades. Me guío a comprender que la vida es un continuo entrenamiento, un continuo aprendizaje, una continua práctica y que, cada tanto, se presentan los exámenes que te ponen a prueba a ver si realmente es verdad que estuviste preparándote para ese momento. Momento que dura un instante, segundos, milésimas de segundos para la natación; donde bajo el agua, en la profundidad solo escuchas tu voz y la de nadie más, ni la de tu entrenador… Nada, nadie, solo tú. No hay nadie en tu carril, no hay compañeros de equipo, solo tú y tu camino. Ellos están afuera alentandote, pero nadie lo camina por ti.

Puedo hablar o escribir muchas hojas sobre este tema, pero hay tanto para contarles que prefiero resumir. Gustavo, mi entrenador, ha ocupado y ocupa en mi vida un lugar especial. El me enseño el intentar y practicar detalladamente, para hacer lo mejor posible mi tarea. Me enseñó respeto y amor a mis compañeros de carrera, me enseñó a saber que la competencia es con uno mismo, nunca me estimuló ningún sentimiento en contra del otro, siempre se centró solo en mí , en mi capacidad , en mis fortalezas. Si algunas vez una carrera no salía como queríamos no pasaba más de 24 horas para volver a practicar y solucionar el “error” y lo escribo con comillas porque la verdad todo era perfecto, cada triunfo y cada derrota no era tomada de esa manera, sino sólo como aprendizaje, para sumar más habilidades y la próxima hacerlo mejor.

Mis padres fueron muy importantes en todo esto, sin que mamá se ofenda, papá cumplió un rol particular, él era el fan número uno (jaja). Nos acompañaba a mi hermana y a mí a cada torneo y quería tirarse al agua juntos a nosotras. Sé la pasión que sentía estando allí.
Este espíritu que la profundidad del agua me enseñó, sigue vivo hasta hoy.

También desde pequeña recuerdo tener el sentimiento de querer ayudar al mundo, soñaba ser la mujer maravilla… Así actuaba en lo que podía.

Me gustaba ver cómo las personas estaban bien cuando sentían que podían, cuando su corazón se empoderaba. Mi práctica comenzó con mi primer paciente, mi hermana Nadia. A ella siempre le dolía la panza y la nuca y me pedía que le haga masajes y que le tocara donde estaba la dolencia… Decía que se le pasaba y que tenía las mejores manos del mundo (Firma: La hermana jaja). También recuerdo que mi mamá era otra de mis pacientes…

Con el tiempo decidí formarme como guardavidas de la Cruz Roja, Instructora de Natación y mi primer contacto con el Reiki.

Gracias a una paciente a la cual le daba masajes, una paciente muy especial para mí, estaba muy triste porque su bebé de días de nacida había fallecido. Yo intentaba acompañar su proceso y dar lo mejor de mí para que esté mejor, poco a poco.
Un día ella me dijo que yo tenía que conocer a Ana. Ana era reikista.
Con total confianza e ilusión fui a conocerla.
Cuando me vio, al instante me dijo:- ¿Sabes qué es Reiki?
Conteste:- Creo que sí.
Ana me dijo:- Reiki es amor. Es sanar a través del amor.

Y pensé…

Jesús imponía las manos sobre las personas y el milagro ocurría… Algo de ese mensaje tiene que haber quedado plasmado en la información genética de la humanidad, ya que desde pequeños ponemos nuestras manos donde nos duele.
Ese día Ana afirma que yo estaba para dar Reiki y que el arcángel Rafael me acompañaba.
Le conté que tenía ganas de volver de donde venía y que no sé porque me habían dejado acá… Claro que Ana me regaño y me ubicó recordando mi misión.
Desde pequeña mis recuerdos eran un poco diferentes a los de la mayoría. Yo recordaba el día que nací, recordaba a mi mamá embarazada de mí a punto de dar a luz, recordaba la habitación donde estaba, la ubicación de la cama, la arquitectura del lugar, los colores de los pisos, recordaba mi tía/madrina llegar apurada con su blusa azul con pintitas blancas y mi papá apurado en el auto. Como mi nacimiento se dio antes de tiempo, fue sorpresa y todos corriendo a la maternidad a recibirme.

También le conté a Ana muchos recuerdos más, de esta vida y de varias anteriores.Estaba entendiendo mi misión, que siempre estuvo ahí, latente y era como una herramienta que estaba, pero no sabía cómo empezar a utilizarla.Gracias a mi madre comencé a dar mis primeras sesiones “oficiales”, digo gracias a ella porque fue quien me estimuló, inconscientemente, a instalar mi primer consultorio. Día a día crecía más la confianza en mí y en lo que venía a hacer.

En esa época vivía con mi amiga Ali quien me regaló unas 10 hojas de un resúmen de un libro que fue clave para mí EL SECRETO. El secreto puso en palabras eso que yo venía haciendo. El poder de la atracción.
Mi primera práctica sobre éste tema fue en un campeonato nacional de natación a mis 12 años de edad. Donde mis tiempos no daban como para subir al podio. Pero la verdad, no me importaba, yo quería subir al podio, no sabía cómo iba a pasar eso ,solo sabía que era lo que quería.

Esa tarde nadé y el segundo lugar fue para mí. La campeona de la carrera me ganó por 1 o 2 segundos, si 1 o 2 segundos… y ese día me di cuenta que había creado exactamente lo que había creído. Solo dije subir al podio, no dije en qué lugar del podio quería estar. Fue un logro para mí. Pero también fue un análisis, y observé que salí de la competencia con resto, ósea, podía haber dado mucho más, pero solo decreté que podía subir al podio, no dije el primer lugar. Mi cuerpo actuó según mis creencias y lo hizo genial, preciso, muuuyy preciso jajaj.

Con el tiempo fui conociendo diferentes facilitadores que abordaban el conocimiento del espíritu de diferentes maneras, con diferentes prácticas, pero donde todas te llevaban al mismo lugar. De cada uno me quedó algo, pero de Jorge me quedó lo que aún no había recibido de nadie. LA VERDADERA HUMILDAD.
Él estaba guiándome una meditación. Hasta que paró la meditación y me dijo … Yo sé que Tú puedes verme…
Yo me sonreí un poco avergonzada sentí como si sacara a la luz mi esencia y me apartara de mi zona de confort.
… Como sé que tú puedes verme, me gustaría que me digas cual es mi karma en esta vida, sé que tengo algo que tratar, pero no que es…
Woow, dije por dentro, en toda mi vida nadie absolutamente ningunos de los facilitadores me demostró semejante humildad.
De un momento a otro, ponerse en el lugar de “paciente”, nunca me había pasado algo así. En mi experiencia anterior siempre el facilitador era el que tenía la solución y todos creían es su verdad como la absoluta… menos yo, la oveja descarriada que creía en lo que en ese momento creía, sin basarme en la historia ni en autores reconocidos… Sólo creía en lo que resonaba en mi alma, tomando la libertad como bandera, respetando la creencia del otro y respetando la mía.
Ese día que actuaste así Jorge, sentí mucha alegría, libertad y agradecimiento, aprendí muchísimo de Ti, comprobé lo que tanto esperaba, esa actitud de mis hermanos que tanto anhelaba y tú fuiste el valiente. LA HUMILDAD DE LOS GRANDES.
Gracias jorge Siempre te recordaré…
Gracias a esta actitud y a información recibida. Decidí nombrar a mis terapias-canalizaciones LA HUMILDAD DE LA SEMILLA.
Hoy en día me encuentro otra vez creando lo que algún día visualice, no me gusta decir soñé, siento que esta palabra arrastra un peso de algo ficticio que no se puede lograr, nunca me gusto lo etéreo del sueño.
Visualicé la unión de muchos seres de diferentes personalidades, distintos estilos, voces, energías cambiantes, capacidades diversas, colores únicos e irrepetibles.
Todos estos seres unidos en arcoiris para formar una fuente única, la misma de siempre, la que siempre conocimos, la del origen, la del comienzo, la que nos trajo a este mundo.
Esa fuente única de luz que es la suma de todos los colores y de todas las personas, que nos formamos en equipo para crear esa luz blanca poderosa, brillante, majestuosa, que penetra en el alma de quien la mira y en la casa de quien la recibe.
A ti compañero colorido te esperamos con ansias hace siglos para que esa luz te despierte, el sol entre en tu corazón y el renacer de tu espíritu sea para siempre.
Despierta tu poder, tu puedes amarte a ti, amar tu entorno y mejorar esta tierra que habitamos. Escucha el llamado.

SÉ-TU-LUZ AQUÍ Y AHORA.

Melina Maira Soraire.
Co- fundadora de Sétuluz.

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